martes, 29 de agosto de 2017

Versión prohibida de 'El Patito'. El triste legado de Benjamín Mackenna y los 'Huasos Quincheros'



Tal como dijo Ricardo Tamayo, en un artículo publicado originalmente en el periódico El Insular el día 1° de Febrero de 2008, es "cíclico ver cada cierto tiempo", que estos infames incitadores del Golpe de Estado den entrevistas en medios de comunicación que prestan sus plataformas para reabrir las heridas del pasado.

Es el caso de Benjamín Mackenna el líder de los "Huasos Quincheros", publicó el día de ayer su "manifiesto", en el ocaso de su vida, ya con 82 años, Mackena dijo que, "Victor Jara era un cantante regular"

No sé a qué fue el caso de provocar al lector común, las redes sociales ardieron en insultos para el vejete cantante, porque de verdad es la forma más sutil y más fina de referirme a él: Mientras a Víctor Jara lo asesinaban por amar a su pueblo, Benjamín Mackenna y los Quincheros los aplaudían por besar las botas de los fascistas asesinos. 

Es que si comparamos la gran creación de Victor Jara, "Plegaria a un labrador" con la de Los Quincheros "El patito chiquito" me pongo a llorar, pateo las puertas de la rabia y mejor me inmolo. NO lo haré, prefiero cambiar 15 millones de Quincheros por un Víctor Jara... y pago la diferencia.

 

Los Huasos Quincheros pasaron a ser el tipo de conjunto con el que la Junta Militar creyó que podría borrar el recuerdo de todos los demás músicos de raíz folclórica lejanos en el exilio. Tanto así, que el grupo se ganó el cupo artístico para representar a Chile en el acto inaugural del Mundial de Fútbol de 1974, en la República Federal de Alemania (y tras el cual no pudieron librarse de los golpes de compatriotas exiliados). Siete años más tarde, serían de nuevo los Quincheros los encargados de darle en Santiago una bienvenida de tonadas y cuecas al polémico Henry Kissinger. 

Hubo pocas canciones en la banda sonora íntima del dictador Pinochet. Su ignorancia sobre la música la pagó la cultura chilena con sangre, censura y vulgaridad.

Felipe Henríquez Ordenes






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miércoles, 16 de agosto de 2017

A 11 años de tu extraño 'asalto': Aún estás entre nosotros, Pedro Henríquez Ríos





“Con la esperanza de siempre y los sueños en alto” fue el saludo que Pedro Henríquez estampó en los muros del popular Café Brasil hace algunos años y que con trazo libre dibuja lo que fue su trayectoria y compromiso. La esperanza de un país y un mundo mejor y los sueños a la altura del cielo. Bien podría ser la forma de como él querría ser recordado.




La noticia de su partida nos golpeó fuerte aquella mañana de Diciembre del 2006, seco, en el pecho. Fue como recibimos la noticia del extraño suceso ocurrido 4 meses antes, en agosto del 2006, y que en definitiva le costó la vida. Siempre cuesta aceptar la partida y la ausencia, más aún cuando en este caso se trata de una muerte absurda, un crimen cobarde de alguien que de seguro no sabe el daño que causó y que para tranquilidad de su familia y amigos, aún tenemos la esperanza que se debe aclarar.

Hace ya varios años, recuerdo a un compañero de Cerro Navia, contaba con orgullo su particular relación con Pedro, una historia que de algún modo retrata su conexión con el pueblo y su trayectoria. Preso en una Comisaría de Pudahuel y previo al interrogatorio de rigor, uno de los detenidos saca de entre sus ropas una pequeña radio a pilas. Allí, bajito, con sorpresa y asombro reconocen la voz de Víctor Jara interpretando “Te recuerdo Amanda”, luego de lo cual una voz que con los años se les haría familiar, presenta “Radio Umbral”. “Así conocí a Pedro Henríquez y no alcancé a contárselo” nos decía con pesar.

Desde su labor como comunicador radial, Pedro puso durante muchos años su voz y talento al servicio de innumerables actividades culturales y políticas. Lo recordamos desde “El canto de la patria grande” en la ya mítica Radio Umbral, en Radio Nuevo Mundo, Radio Tierra, conduciendo los Festivales Víctor Jara, la Fiesta de Los Abrazos, Isla Negra, la inauguración de la Plaza Víctor Jara de Pudahuel, entregando toda su experiencia como profesor del Taller de Radio y animación en la 1ª Escuela de Gestión Cultural de ultura en Movimiento, el Funeral de Gladys Marín, el acto de bienvenida al Presidente Evo Morales, entre tantos otros momentos de trabajo y compañerismo.




En todos ellos siempre supo poner la pausa, el comentario certero que da la experiencia y un espíritu de colaboración alejado de protagonismos, al servicio de la tarea, que lo caracterizaba. Siempre tuvo un “sí, de ahí somos” cuando le pedían su colaboración para conducir un acto o un concierto. Todos sabían que podían contar con él. Así fue cuando se convirtió en un entusiasta promotor del Festival de todas las Artes Víctor Jara, asumiendo la conducción de las jornadas de clausura, aportando ideas y trabajo como uno más del equipo.

Sus programas en Radio siempre tuvieron micrófono abierto para difundir las iniciativas populares y dar a conocer la creación de los artistas jóvenes. “Mándame la información!” ó “¡anda pa´la Radio!” les decía todos aquellos cantores cada vez que le contaban a Pedro de alguna iniciativa para dar a conocer, para difundir su música.

Cómo olvidar esa fría mañana de Junio en Isla Negra en plena conmemoración del Centenario de Neruda cuando nos decía estar “contento por reencontrarse con estos espacios, con las miradas, con los sueños, con las utopías” antes de hacerse cargo de la conducción del escenario.

A 11 años de su extraño asalto, y los mismos años por cumplirse desde que Pedro Henríquez partió de este mundo, seguimos haciendo gala de la herencia que nos dejó; la de mostrarnos una entereza y dignidad admirable.

Con Pedro no solo partió un amigo, sino que un gran comunicador y promotor de la música de nuestro pueblo. Alguien que desde los hechos concretos reivindicó el concepto de “trabajador de la cultura” que para algunos pareciera estar en desuso.



Nos queda el consuelo de lo vivido junto a un hombre bueno que hizo escuela y que habrá que honrar con acciones concretas, continuando quizás con su mayor vocación, el apoyo a los artistas populares, o como solía decir “por el rescate y defensa de nuestra identidad”. Él siempre está con nosotros.




Pedro Henríquez Ríos, agonizó desde agosto hasta su muerte el 20 de diciembre de ese mismo año 2006, a sus 52 años de edad. Ese hombre que sigue aferrándose a nosotros, a nuestro designio, y regresa siempre abriendo el micrófono de su alma para destilar el amor que tanto nos dio a la familia y al pueblo… un hombre de sencillas hechuras y bondades, que nos enseñó que debemos siempre ir “en rescate y defensa de nuestra identidad”.



* Publicado originalmente en Semanario El Siglo, en enero del 2007. Actualizado hasta la fecha, agosto del 2017.







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